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El Humanismo en la psicología surge como una necesidad intrínseca del ser humano y sus necesidades internas. Emerge en Estados Unidos después de la segunda guerra mundial, toma una postura discordante frente a los postulados del “psicoanálisis” y el “conductismo”, llegando a los ámbitos de la psicoterapia, el cambio personal y las búsquedas espirituales y del autodesarrollo.
E l “movimiento humanista” comparte un concepto del ser humano y su desarrollo, una cierta forma de concebir y practicar la psicoterapia y una fuerte crítica hacia teorías psicológicas imperante al momento de su gestación. ( Chacón y Winkler, 1991: Kalawski, 1992). Los aportes del humanismo son múltiples y se destacan los siguientes:
Un concepto diferente del hombre : Dentro de cada persona está contenida la “sabiduría” necesaria para alcanzar un estado de salud óptimo; que todo se humano tiene dentro de sí la capacidad de saber lo que necesita para activar y realizar su potencial. La valoración organísmica: Según Carl Rogers, lo concibe como una capacidad que tiene el organismo, como un todo de “valorar” cada experiencia como enriquecedora o no enriquecedora, para sí en ese momento particular. Este concepto es tan novedoso que genera una nueva visión en el tratamiento terapéutico, porque rompe con lo tradicional “paciente-terapeuta” y es tan influyente que llega a la educación con el modelo llamado “currículo centrado en la persona”.
Se trabaja con el término conciencia y sus distintas concepciones : La más utilizada es la “conciencia moral”. La segunda tiene que ver con el sentido fisiológico, tener mayor o menor conciencia en términos de grados de activación de la corteza cerebral. La tercera, se refiere a la faculta de vivenciar o percibir algo y ser capaz de ser conciente de estar vivenciando o percibiendo. Para la Gestalt, esta comprensión de conciencia es muy importante, ya que trabaja fundamentalmente el desarrollo de esta capacidad en las personas (junto con el aquí y ahora) y considera que la mayor conciencia tiene relación con una mejor salud psicológica. La cuarta, tiene que ver con el enfoque Transpersonal que comprende a la conciencia como ilimitada.
Otro gran aporte es el concepto de RESPONSABILIDAD : P ermanentemente estamos eligiendo (optando) nuestra forma de actuar o de reaccionar frente a las realidades externas. Ello implica que no estamos presos de condicionamientos, ni se puede obligar a actuar de un modo determinado. En cierta medida tenemos algún grado de control sobre lo que nos pasa, sentimos y la forma en que reaccionamos en una situación determinada .
Se cambia la forma de hacer psicoterapia : Perls cambia esta estrategia trabajando con el presente y la percatación (conciencia) de uno mismo en ese presente, es la fuente de donde emerge la solución terapéutica. Nacen los “grupos de encuentros” y “las maratones”.
Énfasis en la expresión de lo personal y único que somos : Tiene como tarea fundamental desarrollar en nosotros mismos y fomentar en los demás la actualización de la forma única que somos. Por ello se cuida de usar los conceptos “normal” y “anormal”, los cuales califican y patologizan la diversidad. (Alex Kalawski). Por otra parte, la creatividad y el juego ayudan a explorar nuevas formas de expresión, hasta ahora desconocidas.
Se reconoce la limitación de la conciencia normal: La “Psicología Humanista” promueve la búsqueda de otros estados de conciencia, tales como los propuestos por las religiones orientales y disciplinas de meditación, entre otros.
Se privilegia el trabajo con el hemisferio derecho: La intuición, la emoción, lo sintético. Todo ello por medio del uso de imágenes, analogías, metáforas y el lenguaje natural que permitan expresar el mundo interno. Todo ello sin excluir ni despreciar el otro lenguaje, sino que destacando que ha de haber un equilibrio entre ellos. |
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"En un bar, todas las tardes, a las siete, dos amigos se reúnen en la barra y piden un whisky cada uno. El barman se los sirve. Pasa un tiempo y llega sólo uno de los dos compañeros, quien se sienta y pide al barman un whisky doble. El barman, muy discreto, no dice nada durante tres meses. Luego, picado por la curiosidad, supera su discreción y pregunta: "Discúlpeme, señor, pero no entiendo bien, usted acostumbraba venir aquí con uno de sus amigos y tomaban un whisky cada uno. Ahora viene solo y pide un whisky doble. ¿Qué pasa?" El cliente le responde: "Mi amigo ha muerto". "Esto es muy triste, discúlpeme por haber sido indiscreto", dice el barman. Pasa el tiempo y el hombre sigue viniendo todos los días y pide ahora un solo whisky. El barman se siente intrigado de nuevo y, después de un tiempo, vuelve a preguntar: "Discúlpeme, señor, ya le hice una pregunta anteriormente, sobre la razón por la que tomaba un whisky doble. Me dijo entonces que su amigo había muerto, pero ahora toma de nuevo un whisky simple, como cuando venía con él. ¿Qué pasa?" El cliente, entonces, responde: "Sí, es que he dejado de beber" (Green, 1996, p. 379-80).
Lo primero que me resuena a partir de este breve pero inquietante relato es volver a formular una inquietud que no me ha abandonado desde que di los primeros pasos en mi formación como psicoanalista: ¿por qué el psicoanálisis hoy?
Diremos en principio, con Roudinesco, que "el sufrimiento psíquico se manifiesta hoy bajo la forma de la depresión. Herido en cuerpo y alma por este extraño síndrome donde se mezclan tristeza y apatía, búsqueda de identidad y culto de sí mismo, el hombre depresivo ya no cree en la validez de ninguna terapia. No obstante, antes de rechazar todos los tratamientos, busca desesperadamente vencer el vacío de su deseo. Así, pasa del psicoanálisis a la psicofarmacología y de la psicoterapia a la homeopatía, sin tomarse tiempo para reflexionar acerca del origen de su desdicha. Ya no tiene, además, tiempo para nada a medida que se alargan el tiempo de la vida y el del ocio, el tiempo del desempleo y el tiempo del aburrimiento. El individuo depresivo padece más las libertades adquiridas por cuanto ya no sabe hacer uso de ellas" (Roudinesco, 2000, p. 15).
Frente a este panorama, tentador resulta pensar que el psicoanálisis ocupa hoy el lugar de "una construcción intelectual que soluciona de manera unitaria todos los problemas de nuestra existencia" (Freud, 1933 (1932), p. 146). Pero, si ponemos atención a la crítica freudiana, advertiremos que el psicoanálisis "es incapaz de crear una cosmovisión particular (...) tiene (...) esencialmente rasgos negativos, como los de atenerse a la verdad, desautorizar las ilusiones" (op. cit., p. 168).
¿Significa esto, entonces, que nosotros, futuros psicoanalistas, debemos asumir sin cuestionamiento la cosmovisión de la ciencia oficial, aquella que prescribe observar, generalizar y reproducir? En este punto, coincidiremos con Lacan en que "el análisis como ciencia es siempre una ciencia de lo particular (...). La experiencia analítica representa la singularidad llevada a su límite" (Lacan, 1998, p. 40). Y singularidad es historia. Pero "¿acaso es éste un acento colocado sobre el pasado tal como, en una primera aproximación, podría parecer? (...) La historia no es el pasado. Es el pasado historizado en el presente, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado" (op. cit., p. 27).
Si el psicoanálisis no es en sí mismo una visión del mundo, tampoco parece sensato extrapolar de la sutileza de la clínica psicoanalítica algo así como un estilo de vida; como si fuera posible, en efecto, caminar por la calle hacia la panadería de la esquina exhibiendo una desconfianza freudiana o una sonrisa winnicottiana o una ironía lacaniana. Porque "si el psicoanálisis fuese un modo de vida, podría decirse que ese tratamiento hizo lo que se suponía que debía hacer. Pero no es un modo de vida. Todos abrigamos la esperanza de que nuestros pacientes, una vez que terminen con nosotros, nos olviden y descubran que el vivir mismo es la terapia que tiene sentido" (Winnicott, 1991, p. 264). Y "lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena de vivirse es, más que ninguna otra cosa, la apercepción creadora. Frente a esto existe una relación con la realidad exterior que es relación de acatamiento; se reconoce el mundo y sus detalles pero sólo como algo en que es preciso encajar o que exige adaptación" (Winnicott, 1997, p. 93).
Entonces, y a fin de cuentas, ¿por qué el psicoanálisis hoy? ¿Por qué animarse a un arduo trabajo formativo de más de cuatro años y que, en estricto rigor, nunca termina? Quizás porque todavía valga la pena apostar por la verdad en el tiempo de las ilusiones, tomar partido por la historia en el mundo de la amnistía, poner en juego algo del orden de la creatividad en una época que no sólo nos exige el acatamiento sino que también nos seduce con ser espectadores de la guerra y protagonistas de la fama. O porque simplemente no estará de más escuchar al próximo hombre depresivo que se recueste en nuestro diván con un vaso de whisky en la mano.
Para todos aquellos interesados por la aventura psicoanalítica, sean bienvenidos: abrochen sus cinturones, prepárense para las turbulencias emocionales y disfruten el viaje.-
REFERENCIAS
Green, A. (1996). La metapsicología revisitada . Buenos Aires: Eudeba.
Roudinesco, E. (2000). Por qué el psicoanálisis . Buenos Aires: Paidós.
Freud, S. (1933 [1932]. En torno de una cosmovisión . 35° Conferencia . En "Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis", Obras Completas, tomo XXII. Buenos Aires: Amorrortu.
Lacan, J. (1998). Los escritos técnicos de Freud . En "El Seminario", tomo I. Buenos Aires: Paidós.
Winnicott, D. (1991). Sobre "el uso de un objeto". En "Exploraciones Psicoanalíticas I". Buenos Aires: Paidós.
Winnicott, D. (1997). La creatividad y sus orígenes. En "Realidad y juego". Barcelona: Gedisa.
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